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Me retiré y al mirar hacia abajo ví un culo en pompa del que rebosaba una buena cantidad de semen, pero lo que más me llamó la atención es que, bajo ese culo, en el sitio en el que debía estar un chochito pelado, estaba la polla tiesa del vecino. Caí de golpe sobre la otra cama y ví que la persona que se giraba sobre la cama no era Alicia, sino su hermano, que con una cara de felicidad infinita, guiaba la cabeza de mi hermana hacia su polla para que, en aquella habitación, fuésemos dos los que disfrutaban de un orgasmo. En un abrir y cerrar de ojos, borbotones de lefa rebosaban la boca de Laura, que hacía lo posible por tragarlos. Yo seguía de piedra. Los otros dos sonreían. No se cuánto duró aquéllo ni qué ocurrió después, pero un extraño cosquilleo recorría mi entepierna.